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Carlos Soto y millonario escándalo del sifup: “No me enriquecí”

El gran tema de la semana ha sido el escándalo que remece al Sifup, luego de que una auditoría detectara millonarios gastos sin justificar entre 2015 y 2016, cuando Carlos Soto ejercía como presidente del gremio de futbolistas, y situación por la que tuvo que renunciar al directorio el lunes.

Por eso, el otrora timonel del organismo ha tenido que salir al paso para explicar la polémica por el destino de los dineros, y ahora volvió a hacerlo.

“La ropa de Zara ($1.820.000) fue para comprar 14 o 15 ternos para los directores y administrativos, pensando en la gala de fin de año. Es el símil que hace una organización que compra ropa para que estén todos uniformados. Claro, no fue aprobado por la asamblea, pero si fuera por eso, tendría que pedir autorización para cada donación”, reconoció en diálogo con El Mercurio.

“Cometimos un error al hacer un aporte a la iglesia Casa de Estudios por un millón de pesos. Eso no corresponde, no resiste mayor análisis. Lo mismo con los libros, ‘Cambia tu Ritmo’, son textos devocionales con historias de deportistas que tienen un mensaje bíblico”, añadió.

Además, sobre la millonaria remodelación de las oficinas del Sifup, donde se habrían gastado 11 millones de pesos, dijo: “Es una opinión respetable, pero creemos que, por el contrario, quedó una sede en un lugar privilegiado, que cubre todas las necesidades de los futbolistas. Son 11 millones que incluyen el servicio de la empresa, la compra de los muebles, etcétera. Quedó de lujo, acorde a los nuevos tiempo”.

En esa misma línea, agregó: “Nos quedamos en el amateurismo desde el punto de vista de la administración y de los procedimientos. No hemos tenido un cambio de mando en cinco períodos. Teníamos una manera muy sui géneris de administrar. A veces se cortaba el teléfono y alguien decía ‘yo lo pago’ y después lo reembolsábamos. En una empresa, eso no pasa. Pero nosotros, que funcionábamos a la antigua, nos pasó”.

Por último, Soto aseguró que no sacó provecho personal del organismo. “Vivo en el mismo departamento de hace 20 años, en La Cañada. Entré con dos autos y sigo con dos autos: un Yaris de 2006 y un Accent 2013. Sigo pagando créditos hipotecarios como cualquier persona. No me enriquecí”, concluyó.

  


  


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