Columna de Opinión

Las “aguas purificadoras” que requiere la política chilena

-El éxito del modelo económico de la dictadura, que aún se prolonga en manos de los sectores “democráticos”, desconoce la pobreza, la miseria, la justicia y el sufrimiento. Del “jaguar latinoamericano” pasó a “Chile somos todos”, a “la Revolución en libertad” y el “Crecimiento con equidad”, siendo para amplios sectores “la Suiza de América”, … el espejismo de una realidad ilusoria que sigue presente.

 

Autores:

 Inés Enríquez Espinosa                             
Editora del sitio Visor Latino
Área de Operaciones Internacionales
Notimex Agencia de Noticias

 

Ernesto Navarro Guzmán

Agosto 2017
Profesor Investigador
Departamento de Economía y Administración
Universidad Autónoma Metropolitana
Ciudad de México

 

Chile, históricamente, se formó como nación sin sacudirse de su condición de colonia que devino en poder colonizador, conformado para la explotación, con una estructura económica, social y política hecha para que unos pocos explotaran inexorablemente a las mayorías. Y esa característica se mantiene. Las clases altas, que constituyen el 1% de la población, se quedan con el 43% de la riqueza producida en el país.

Lo hicieron y siguen haciendo sin pudor ni vacilación, para luego hoy proceder a acumular esos ingresos en paraísos fiscales, y con impudicia distribuirlos en los mercados del mundo. Utilizando el Coeficiente de Gini (medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini), la media de la OCDE se situó en 2014 en 0,318 y es la cifra más alta desde mediados de los 80. Los países con el Gini (o índice de desigualdad) más alto son Chile (0,465), México (0,459) y Estados Unidos (0,394), y los con menor nivel son Islandia (0,244), Noruega (0,252) y Dinamarca (0,254).

Vale la pena recordar al personaje de Úrsula Iguarán en “Cien años de soledad” que decía de Macondo: “Aquí el tiempo no pasa: gira en redondo”. Pues eso mismo sucede en Chile. El éxito del modelo económico de la dictadura, que aún se prolonga en manos de los sectores “democráticos”, desconoce la pobreza, la miseria, la justicia y el sufrimiento. Del “jaguar latinoamericano” pasó a “Chile somos todos”, a “la Revolución en libertad” y el “Crecimiento con equidad”, siendo para amplios sectores “la Suiza de América”, … el espejismo de una realidad ilusoria que sigue presente.

Desde épocas muy antiguas, el ser humano, los filósofos, los pensadores, los políticos, han tratado de imaginar sociedades y sistemas políticos en que pudiéramos vivir relativamente seguros y en donde imperara la justicia y el decoro. De ahí el noble propósito de la política que surge para, desde una postura de liderazgo y conducción, ocuparse especialmente de ello: imaginar y construir sociedades mejores.

Pero, hoy, en nuestra época, llegaron profetas modernos que  nos aseguraron que había llegado “el fin de la historia”, y con ello que el capitalismo era y es eterno y, por lo tanto, había que detener  pensamientos políticos maléficos sobre posibles cambios, que podían representar un peligro para el statu quo, planteando así un futuro de bienaventuranzas económicas, democráticas, sociales, etcétera.

Y buena parte de la sociedad chilena creyó y asimiló el conjunto de promesas y compromisos ofrecidos, en gran medida  por miedo a volver a los horrores vividos durante la dictadura, pero también por una falta de pensamiento crítico, una necesidad de entrega y claudicación ante el “promisorio” futuro con la llegada del neoliberalismo, como nueva cara del capitalismo. La dictadura había hecho su trabajo. El miedo a vivir una vez más la saga de terror era superior a cualquier proyecto transformador, sentimiento que sigue estando presente en amplios sectores de la sociedad civil.

Escenario de hoy

Echando una mirada al actual panorama político chileno y a algunas propuestas presentadas por los numerosos candidatos, se advierte que es muy difícil que salga alguna idea, conjunto de ideas, proyectos, programas o medidas que signifiquen una auténtica transformación.

Los partidos políticos que ayer prometieron que la “alegría ya viene” y aquellos que ayer se llamaron revolucionarios han sido, después de la dictadura, los menos revolucionarios, y más bien francamente conservadores, unos preocupados de conservar sus beneficios personales, otros de obtener ciertos privilegios prometidos por sus líderes. En su mayoría han adoptado una actitud de impasibilidad, de invariabilidad en sus métodos y conductas, de ceguera política, conformismo, incluso corrupción que los llevó a ser empleados menores de las transnacionales.

Y una cosa llevó a la otra, pues estos partidos revelaron un absoluto desprecio por la justicia y el bienestar de sus ex representados, o sea, el pueblo, los trabajadores y la sociedad chilena en su conjunto. (Situación que hace recordar el lema de aquel candidato a la presidencia de una sociedad antiquísima que proclamaba; “Por una Revolución sin cambios”).

La ex izquierda de hoy es básicamente la misma o muy similar a la de hace algunos años posteriores a la dictadura. Pero la llamada izquierda actualmente presenta candidatos que prometen menos que ayer, entonces quizás sus programas ofrecen menos de lo mismo. Todo nos lleva a suponer que la campaña presidencial será un ritual en que los políticos cumplirán los protocolos habituales, y acordarán lo mismo de siempre.

Esperar que estos aspirantes y sus organizaciones cambien equivale a esperar que el monte Himalaya cambie de continente, o revertir el curso del Amazonas. Pero la idea de que es posible examinar la vida haciendo preguntas sencillas y universales sobre ella y la sociedad en que vivimos, contrastándolas con la realidad, sigue siendo hoy tan válida, creativa y revolucionaria como lo hicieron los griegos en la antigüedad.

Como respuesta al planteamiento unívoco y monolítico del neoliberalismo como la faceta eterna y moderna del capitalismo brutal en que vive la sociedad chilena, que declara la inexistencia de las clases sociales y, por lo tanto, lo innecesario de la política, la realidad chilena nos dice otra cosa: nos está señalando diariamente que hay diferencias sociales derivadas del amplio espectro de las clases en pugna.

El modelo económico chileno está lejos de ser exitoso y cada día surgen nuevas evidencias de malestar, desigualdades, atropellos de los derechos ciudadanos y el despojo de bienes de nuestros pares (pensando en nuestros hermanos mapuche) y en los sectores urbanos más pobres que conforman cinturones de miseria en muchas de nuestras urbes; inequidades que alcanzan a la clase media, trabajadores, pensionados, estudiantes, mujeres, etcétera.

La creencia neoliberal de que habría esperanza porque somos todos chilenos, formando parte de una misma nación, que podríamos estar unidos y marchar juntos hacia una sociedad más próspera bajo el actual modelo de distribución de la riqueza es una falacia descabellada e insostenible.

No nos engañemos, la riqueza generada por los trabajadores chilenos ha sido, es y seguirá siendo inequitativamente distribuida porque simplemente es la esencia del sistema. Este sistema de desigual distribución ha sido la norma de los gobiernos posteriores a 1990, que no han permitido ni siquiera medidas reformistas mínimas que favorecieran a las mayorías; tampoco se han implementado con el actual gobierno de la ex izquierda, llamada Nueva Mayoría, ni con la derecha (que son los dueños absolutos de todo Chile en alianzas con las transnacionales).

Este desolador panorama es probable que se repita con mayor profundidad en caso de que la derecha tradicional o clásica (más la advenediza) llegue a la presidencia. Esto se percibe claramente al ver las intenciones de sus candidatos, que no es más que obtener utilidades o lucrar hasta con los mas sagrados bienes y valores de una sociedad; todo es negocio, todo es lucro, ¡viva el libre mercado!

Pero también podemos pensar en un nuevo futuro, a pesar de las múltiples anclas y amarres que nos ha implantado la derecha económica y política, desde el nacimiento de la República.

Hoy estamos en un momento crítico para el país, dentro de un contexto mundial de profundos y acelerados cambios que transforman  todos los ámbitos de la vida. Ello hace que Chile se inserte urgentemente en el siglo veintiuno, dando paso a planteamientos que signifiquen dar un salto de ser una economía extractiva y productora de materias primas sin valor agregado a una economía basada en el conocimiento, con industrias con tecnología de punta en el contexto internacional; así como tener avances cualitativos en la distribución del ingreso, en educación, bienestar social y administración de la justicia.

Esos deben ser los temas centrales de un proyecto nacional para el futuro y ejes del debate político actual, previo a las elecciones de noviembre; y así ahorrarnos mínimamente el penoso espectáculo que se advierte entre los numerosos candidatos que han saltado al ruedo, algunos exhibiendo un alto grado de frivolidad y escasa preparación.

Sin embargo, dentro de este ominoso panorama, en donde prima el interés personal o solamente de “partido”, “grupo” o “pandilla”, existe en algunos sectores una exhibición de racionalidad y lucidez verdaderamente patriótica que plantea de pronto ideas novedosas, políticas modernas, audaces e innovadoras acordes a los tiempos. Como por ejemplo, novedosas políticas de empleo, de educación, de seguridad, de salud, entre otras.

Grupos privilegiados

Pero tales formulaciones amenazan los mezquinos, antiguos y pequeños-grandes intereses de grupos encabezados por las burocracias partidarias, de derecha y ex izquierda de los partidos que buscan solamente conservar sus beneficios para dar continuidad a lo mismo de siempre y a la corrupción que los ha mantenido hasta la fecha.

Por ello, las burocracias mencionadas actúan y propician, con relativo éxito, el ocultamiento e invisibilización de tales ideas y propuestas, quizás todavía incipientes, en amplia colaboración con el duopolio mediático existente y, sin duda, tolerado por o incentivado desde el Gobierno.

Son obstáculos que impiden a la mayor parte de la población chilena conocer semejantes ideas y poder participar en su enriquecimiento en amplios debates de las bases que, a pesar de las dificultades externas, se llevan a cabo, pero deberían tener mayor divulgación de modo de romper el cerco mediático y de viva voz que se le ha impuesto al candidato y grupo que las proponen. De ahí la necesidad urgente de que aguas purificadoras lleguen a este escenario de caos y esquizofrenia en que se encuentra la política chilena.

Ejemplo de etiqueta p

Comentarios


To Top