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Hernán Rivera Letelier recuerda a Nicanor Parra: “Era mi maestro en la poesía”

Uno de los admiradores, y se podría decir hasta discípulo de Nicanor Parra es Hernán Rivera Letelier. Escritor chileno nortino, quien admiraba al antipoeta y quien lo recuerda en una entrevista que otorgó en Soychile.cl.

“Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”, así Nicanor describía su estilo literario, dejando un legado cultural imborrable.

Luego del fallecimiento de Parra, el escritor antofagastino, conocido por ser el autor de las obras La reina Isabel cantaba rancheras, Fatamorgana de amor con banda de música, Romance del duende que me escribe las novelas y el El fantasista, habló de quien fuera su maestro.

“Nicanor Parra era mi maestro en la poesía cuando yo empecé a escribir inspirado por él. Nicanor Parra cambió la poesía chilena e hispanoamericana, fue un hito que marcó un antes y un después de la poesía. El nos enseñó que se podía hacer poesía con palabras que usamos a diario, palabras simples como árbol, pan, agua. Yo tuve la suerte de conocerlo, de ser casi su amigo, así es que estoy muy triste”, comentó.

Cuenta que lo conoció en persona: “Lo conocí el año 1984, él tenía 69 años, me acuerdo que hacía clases de ecopoesía en la Universidad de Chile. Yo lo conocí en la casa de la Sociedad de Escritores de Chile, en Santiago. Me invitó a su casa en La Reina, cuando vivía ahí, estuvimos un día completo. Me leyó unos poemas inéditos y le mostré mis poemitas. Yo me quería dar contra la pared cuando el leyó uno de mis poemas y dijo ´yo este poemita lo firmaría de mil amores´. Me regaló un libro. Fue para mi un día inolvidable”.

Lo vio también cuando hacía clases en la Universidad de Chile. “Allí hacía la clase a las 11:00, estuve en su clase la cual fue extraordinaria. Nunca había visto un profesor que hiciera discutir a los alumnos. Al final de la clase un aplauso cerrado, los alumnos se pararon a aplaudir. Luego nos fuimos a un bar al frente del Estadio Nacional, justamente se llamaba “El Estadio Bar Restaurant”, ahí almorzamos. De ahí me hizo un recorrido por la casa donde había vivido Pablo de Rokha, también donde había vivido su hermana Violeta, y luego nos fuimos a su casa en La Reina, ahí conocí a sus hijos, a la hija Colombina Parra, quien en ese entonces tenía 12 años, y a Juan de Dios que tenía 11. Ahí me mostró sus poemas inéditos, me bailó chuncho, fue espectacular”, relata.

Letelier también comenta las principales obras que lo marcaron: “Todos los antipoemas son extraordinarios, pero hay uno que lo he leído como 14 mil veces, el cual se llama “Un Hombre”, es un poema que marcó mi línea en el estilo de escribir poesía. Yo le pregunté cómo había escrito ese poema y me dijo ´mira empecé haciendo un bosquejo, terminé el bosquejo y me di cuenta que el poema estaba hecho…es un bosquejo poema o poema bosquejo’ y después está el “Hombre Imaginario”, que es uno de los últimos poemas que hizo”.

Consultado de por qué cree que vivió tanto, el autor de las obras de la pampa salitrera sostuvo: “Él se cuidaba mucho. Cuando lo conocí yo, tenía una dieta estricta, tomaba pura limonada en el almuerzo, mucha vitamina C, mucha verdura, era completamente sano…creo que se murió de profano (risas). Una muerte en su casa, yo creo que es una muerte que cualquiera quisiera tener. En vez de morir en una clínica o en un hospital, el murió en su casa de viejo, es lo mejor que le pudo haber ocurrido”.

  


  


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