Entrevista Exclusiva

Rodrigo Sandoval ex Director de Extranjería: “Nuestra idiosincrasia tiene un fuerte componente de racismo”

Conversó con Fortín Mapocho en exclusiva Rodrigo Sandoval, ex Director del departamento de extranjería del Ministerio del Interior para abordar la migración como fenómeno y entender las causas de su aumento en los últimos años, así como la regulación de la materia. No abordó en profundidad el proyecto presentado por el Gobierno hasta no poder revisarlo en detalle

¿Cómo se han dado los procesos migratorios en Chile?

Señala que en el país se han vivido varios grandes procesos migratorios. “El primero de ellos fue mientras estaban los pueblos originarios en el territorio y llegaron los migrantes españoles no de forma precisamente tímida, sino en plan de conquista. Luego se han dado otros procesos importantes. Uno de ellos fue la irrupción de peruanos y bolivianos luego de la anexión de territorio producto de la Guerra del Pacífico, donde no fue que ellos ingresaron al país, sino que el límite se corrió”.

Luego viene el proceso  inmigratorio dado por los ejercicios activos del estado en términos de promover la llegada de determinadas nacionalidades para ocupar espacios del territorio que era necesario ocupar, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Otro punto importante es la migración desde Europa de personas que huían de las grandes guerras, como españoles y la posguerra.

En los años 70 del siglo pasado viene un nuevo proceso migratorio pero esta vez influida por los aires americanistas, pero más pequeña. Y casi junto a ello viene el quiebre institucional del ’73 donde producto del Golpe Militar, una gran cantidad de connacionales emigran, y ello se repite después en el ’82 por la crisis económica.

“Viene el Decreto Ley 75, que consagra ciertas culturas de la migración en período dictatorial. Llegamos a los años noventa –indica Sandoval- donde éramos un país de flujos emigratorios principalmente y con un flujo muy fragmentado de inmigrantes. A partir de esa fecha Chile comienza a ser parte de la “transición modelo” que lo coloca como referente internacional a nivel latinoamericano. Comienza el país a ser atractivo para quienes están fuera de nuestras fronteras.

Y el proceso migratorio ya no es a lugares transfronterizos de cada país limítrofe, como podría ser Perú en el norte, o argentinos en el sur, sino que se trasladan a grandes centros urbanos.

A fines de los noventa, principios 2000 y con mucha fuerza en 2010 se empieza a ver una fuerte presencia de inmigrantes colombianos de zonas como Buenaventura, Valle del Jauja, y también dominicanos. Y en el último tiempo hemos visto una migración muy fuerte desde Haití y Venezuela y ha empezado ahora último una tímida pero creciente venida desde Cuba.

¿En el último tiempo la inmigración responde hoy a una búsqueda de mejores oportunidades?

Lo cierto es que el proceso ha respondido siempre a las mismas lógicas: un crecimiento económico de Chile en comparación al país de origen del inmigrante y lo que define finalmente ¿A dónde emigro, finalmente?, es el nivel de conocimiento que tengo del país al que llego y el costo del transporte.

Me explico, el día antes de que llegaran las Fuerzas de Paz de Chile a Haití, ningún haitiano conocía siquiera dónde estaba nuestro país, pero obviamente, luego de la actuación destacada de nuestras tropas, Chile junto a Estados Unidos se transforma en un ideal de nación y potencial destino migratorio.

¿Cómo recibe Chile al extranjero, haciendo alusión a la frase de la canción de Chito Faró?

Nuestra idiosincrasia tiene un componente fuerte de racismo y aporofobia. Nuestro ideal es europeizado y de rechazo a aquellos que puedan  tener precariedad económica. Nuestros mayores reparos hacia quienes llegan al país no es con personas con origen caucásico o del primer mundo. Por lo tanto, lo que uno observa es tendencia al rechazo a aquellos que pueden parecerse a nosotros. A título personal, creo que Chile construye su identidad principalmente a partir de la negación de lo que se es. Por ello que nuestros problemas sean con las migraciones que son de naciones más cercanas y no las de más lejos.

¿En la práctica, el extranjero que uno puede ver en Recoleta o Estación Central, es distinto al que encuentra en Las Condes…?

Chile tiene una particularidad de la cual no se da cuenta y es que tiene absolutamente georreferenciada la pobreza y la integridad racial. Nuestro hito demarcador históricamente ha sido el Mapocho. Al norte teníamos el cementerio, donde estaban los extranjeros, el sector de la Chimba, la Vega. Pero es más, nosotros hacemos distinción entre un extranjero y un migrante. A los del barrio alto no los llamamos migrantes y no necesariamente son de dinero.

Yo tengo la convicción de que las leyes revelan el alma de los pueblos. Y en ese sentido históricamente hemos puesto trabas al ingreso de migrantes. Nuestra situación jurídica concibía a la migración como un ejercicio para poblar, producir o blanquear y terminó culturizando al chileno y no sabemos si como causa o efecto, pero es determinante.

La ley de migración chilena no ha tenido modificaciones sustanciales en el tiempo, sino más bien menores. A partir del 2000, sin embargo, a la luz de los cambios a nivel internacional en la materia y los problemas administrativos de Extranjería, se empezó a analizar la necesidad de modificar la ley de migraciones. Esto se tradujo en un primer proyecto de ley en el primer período de Sebastián Piñera en el año 2013, proyecto que tuvo muchas críticas por su mirada economicista y de algunas restricciones que presentaba respecto del acceso a derechos sociales de la ley migrante.

Se aprobó en general en la comisión de Gobierno Interior de la Cámara de Diputados, al momento de asumir el gobierno de Bachelet. Allí se tomó la decisión de encuentros consultivos para tener insumos y poder interiorizarse del tema migración y tuvo la lógica de una encuesta previa y 8 encuentros con los entes involucrados. Aquí  se definió que no se podía modificar la primera propuesta legislativa, sino que se necesitaba un nuevo marco de acuerdo a las matrices que se habían visto en los consultivos.

Se reemplazó así todo por la idea de una nueva Ley de Migraciones que considerara una nueva institucionalidad. Para ello Extranjería, que estaba a mi cargo, tuvo la misión de elaborar un proceso a partir de los insumos y fallos judiciales que había. Siguió el mismo esquema del proyecto de Piñera, pero con otro enfoque, que creo es la gran diferencia.

Este nuevo proyecto quedó listo en 2015; se presentó al Concejo de Política Migratoria y luego de consultas el ministro del interior (Burgos) lo envió a SEGPRES y Hacienda para su impulso legislativo, pero no se movió más de allí durante todo 2016.

Luego de ruido comunicacional en el 2017, donde el tema incluso fue parte de la contienda electoral, el Gobierno indicó que estaban avanzando en la materia y Rodrigo Sandoval, ya no tuvo más que ver con el proyecto, que finalmente fue enviado al Congreso “pero con una serie de modificaciones que lo desnaturalizaron de lo que habíamos trabajado. Las intervenciones que se le hicieron fueron de tan mala calidad que al final no funcionaba. Si se hubiera aprobado no habría servido porque las normas no conversaban entre sí. Simplemente, estaba mal hecho. Por ejemplo, mencionaba 51 veces a la Autoridad Migratoria, pero nunca definió que era esa institucionalidad. Creo que presentarlo solo fue para cumplir un compromiso en la materia”.

¿El nuevo ministro del Interior dijo que la Ley de Migración sería una prioridad en esta gestión?

Está bien que sea prioridad, pero lo que me preocupa es por qué termina siendo prioridad. Ahora, yo creo que poner el foco en el control migratorio no es la respuesta; es un factor importante, pero no lo único.

¿Es malo politizar el tema migratorio, ideologizarlo?

Hay un facilismo en esto de darle a la migración una connotación riesgosa per se y en atribuirle la responsabilidad de todos los males que tenemos como sociedad. Pero también hay un facilismo de aquellas autoridades silentes y escondidas que permiten que florezcan estas ideas. Hemos visto en las últimas semanas la instalación de medias verdades donde la autoridad no ha dado luz real sobre el asunto.

Lo que yo veo en nuestra realidad económica es que todavía hay espacio para mano de obra extranjera , pero no tenemos la capacidad administrativa para que ella pueda aportar al desarrollo del país. Hoy hay mucho capital humano en los migrantes que no hemos sido capaces de reconocer y aprovechar.

Creo que hay que comprender que la migración se configura a partir de tres pasos: las normas permanentes de ingreso y salida de extranjeros, con un enfoque de derecho; entender el por qué se produce en el sujeto la necesidad de migrar en su suelo de origen y tercero, el cómo se crean condiciones para que el migrante se desarrolle o no en el suelo que lo acoge. Cualquier ley migratoria debe  considerar esas tres dimensiones y se debe contar, finalmente, con una institucionalidad que responda políticamente por la Migración y creo que debiera estar radicada en el Ministerio del Interior.

Ejemplo de etiqueta p

Comentarios


To Top