Opinión

El revoloteo de la política actual, vista desde el territorio. (Opinión)

Por, Hernán Ortega

A juzgar por la declaraciones, entrevistas foros, columnas, redes sociales, la actualidad de la política se asemeja al revoloteo, sobrevuelo, o ronda  satelital sobre el mundo real, como buscando donde aterrizar o priorizar la mirada, pero casi siempre desde arriba.

No hay agenda, no hay quien controle la agenda y, por lo tanto, no hay espacio de reflexión seria o colectiva, sólo opiniones dispersas, superficiales o al voleo literalmente.

Problemas no resueltos de un gobierno que aún no termina de  instalar sus propios temas. La coyuntura lo obliga a cambiar de libreto para mantenerse a flote mientras llegan los proyectos de los anuncios de campaña, que se han visto postergados por el debate en torno a Comisiones que  envuelven la perdiz, por ahora, antes de atacar a los verdaderos temas.

Una izquierda aún sin respuestas,  sin resolver los temas de la interna de cada casa; sin liderazgos que se proyecten y la verdad un poco tensa, salvo recurrir a lo tradicional, lo constitucional y algo más que, si bien es importante, se ha convertido en una suerte de salvavidas de los políticos cuando no hay tema o no hay voluntad de apuntar al fondo de las cosas. El dilema sigue siendo volcarse hacia el electorado histórico de la izquierda, en un amplio porcentaje al margen del sistema y sus formas de hacer política o continuar con el tortuoso camino de querer estar en el confort disputando la administración del sistema.

Temas no resueltos como el de la cotización de trabajadores a honorarios repercute en los presupuestos municipales y más aún ante la privatización y judilizacion de los procesos de despidos en los tribunales, sin considerar los recursos que implica implementar una política de estabilidad laboral y derechos sin financiamiento de ningún tipo, solo a costa de presupuesto municipal.

Junto con ello la lentitud de dar a  conocer como acceder a nuevos planes de gobierno en Seguridad, Desarrollo Urbano, por ejemplo, hacen que el panorama sea de espera sin luz al final del túnel.

La verdad es que no se sabe a ciencia cierta qué pretende la política hoy por hoy. Está media perdida, sin rumbo.

El  mejorar la calidad de vida es la prioridad o la preocupación manifiesta de casi todos. Es la declaración de intenciones, pero que, sin programa de acciones concretas, se transforma en un discursos vacío. No cabe duda que las medidas de  base que se requieren para mejorar la calidad de vida no pasan por tarjetas de crédito para adultos mayores, ni por mejorar la accesibilidad o las ciclo vías o la velocidad en la ciudad. Eso está muy lejos de las necesidades reales de la gente que vive fuera del anillo Américo Vespucio que al igual que en París del pasado, se convierte en un anillo a atravesar para llegar hasta allá con el progreso. Lo mismo que al norte de Antofagasta, o al borde del río en Concepción, o en los cerros del Puerto.

Cómo mejorar la calidad de vida sin enfrentar la desigualdad en el ingreso, en las pensiones,  en la calidad de la vivienda, en la segregación urbana social, etc.

Los análisis de las ampliaciones del Metro, por ejemplo, se hacen en función de las nuevas oportunidades de inversión y la creación de otros subcentros de servicios o consumo en torno a las estaciones. La solución a la pobreza no es tan solo entregar una vivienda, como lo demostró la experiencia de los 80; ni tampoco será sólo la de entregar metro. Se requerirá mejorar la conectividad de la comuna o territorio con la nueva terminal o estación. Dotar de centros de servicios y accesos a ellos y a la  educación técnica, a la salud, un  plan de formación para la incorporación de las mujeres al trabajo. Habrá que complementar con medidas preventivas para evitar la deserción escolar y los nuevos impactos de las aglomeraciones y densidades. Barrios integrales e integrados.

Así la política se hace por focos, sin entregar un programa global, integral, que aborde con urgencia los dolores de la sociedad que se traducen en violencia, en delitos y en tráfico.

Cómo  mejorar la calidad de vida, cómo mejorar la sensación de seguridad y tranquilidad sin atacar el   origen de las manifestaciones provenientes de jóvenes sin oportunidad; víctimas de un cierto síntoma de abandono de la sociedad que busca de manera paralela y al margen de formas tradicionales, el satisfacer las necesidades generadas por el sistema de consumo.

Por cierto hay temas preocupantes. Algunos de larga data como la delincuencia, la violencia, el tráfico; no a niveles de crisis,  pero en camino, si no se adoptan medidas de verdad preventivas  tales como eficientes y eficaces controles de venta, mercado y porte de armas, deserción escolar, segregación urbana.

En el tema de vivienda existe una demanda insatisfecha. Es necesario fortalecer el concepto de Barrios Integrados en la búsqueda de soluciones que no segreguen y sí resuelvan el problema, tales como lo proyectado en el Parque Bicentenario de Cerrillos cuyo comienzo ha sido postergado durante años y que ya debería estar en plena actividad constructiva, incorporando por cierto junto con los planes habitacionales las necesidades de infraestructura y servicios que requerirá este nuevo e importante barrio en el corazón de la Región Metropolitana.

Es necesario fortalecer planificación y fiscalización de los proyectos y las inversiones.

Para qué reiterar lo de las pensiones, la educación gratuita, la infancia, la salud, que se bate entre apuestas ideológicas e intereses económicos que impiden cualquier medida del Estado que signifique que algún empresario, en alguna parte, deje de percibir utilidades o beneficios.

Se continúa privilegiando al sector y la propiedad privada como si fueran el centro y motor de nuestras vidas, pero si se percibe así es por la influencia de un sistema de información y comunicación aberrante y enajenante.

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