Columna de Opinión

Columna de Opinión: Progresismo neoliberal

26 junio 2020    21:20

Por David Pellizzari

Los antes “burgueses” tribunales de justicia han regalado a buena parte de la izquierda chilena una “victoria”. Se supone que debemos celebrar que la Corte de Apelaciones de Antofagasta haya ordenado a una AFP la entrega la totalidad de sus fondos previsionales a una profesora jubilada, de acuerdo a esta visión voluntarista, éste sería, un “duro golpe” al sistema de heredado de la dictadura, e inundan así, exultantes, las redes sociales con el muy solidario slogan “la plata es mía”. Pero lo que no han sido capaces de explicar satisfactoriamente, es cómo se supone que se puede debilitar un sistema de capitalización individual, enarbolando las banderas culturales que le dan sustento ideológico a ese mismo modelo.

El sistema de pensiones chileno no está, desde luego, basado en la solidaridad, ni siquiera se puede considerar un sistema de seguridad social como el que existe en la mayor parte del mundo civilizado, simplemente se trata de un modelo basado en un ahorro legalmente forzado, que se acumula en cuentas individuales e independientes de capitalización, lo que es perfectamente coherente con el sustrato ideológico que inspira las profundas reformas impuestas por la dictadura cívico militar. En particular, el negocio de las administradoras de fondos de pensiones ha potenciado por décadas la penetración cultural  del individualismo en que se funda, al hacer sucesivas campañas para convencer a los chilenos de que los fondos de pensión son “su plata”, y que el perverso e ineficiente Estado no debe poner sus codiciosas manos en ellos, incluso hoy cuando se habla de tímidas reformas que introducen acotadas cuotas de solidaridad al sistema, se habla del “mayor robo” del dinero ahorrado por los chilenos. Y tuvieron éxito… los chilenos hoy se oponen mayoritariamente a que “su plata” vaya a un fondo solidario de pensiones, y, a juzgar por la reacción al fallo de Antofagasta, se convencieron de que efectivamente, como es “su plata”, si tienen problemas pueden retirarla, si importar el resto, lo que aparece como el triunfo cultural definitivo de la dictadura.

El mayor logro de Jaime Guzmán, Pinochet y los “Chicago Boys”, no es el cambio radical de la organización política y administrativa del país, no es la transformación de la matriz productiva y el modelo de desarrollo de Chile, no es la imposición de una Constitución Política militante y dogmática que plasma en sus disposiciones un neoliberalismo extremo; suverdadero triunfo es la internalización de este modelo en nuestra forma de vida, es la naturalización de sus reglas, y su adopción por los chilenos como una suerte de nueva Ley natural. Vivimos en una sociedad que concibe la competencia como el orden normal de las cosas, en que los padres no quieren que sus hijos tengan la mejor educación, sino una que les entregue herramientas distintas y mejores que a los demás, y les permita “ganar”, y por eso prefieren que los colegios seleccionen a sus alumnos. Vivimos en un país que discrimina a los migrantes y a los pobres, con medios de comunicación que le hablan solo a quienes pueden consumir, pues ese es el “target” de sus avisadores, y por tanto, le cierra la puerta a millones de chilenos que simplemente quedan fuera. Vivimos en un Chile en que la solidaridad se limita a dar limosnas y aportar a la Teletón, y finalmente, vivimos en una especie de paraíso neoliberal, que mas parece el resultado de un experimento sociológico de laboratorio que de la evolución normal de un país.

Esa es la realidad que se profundiza con el slogan “La plata es mía”, aunque algunos pretendan presentarlo como una estrategia de cooptación o apropiación del lenguaje neoliberal para debilitar el sistema con sus propias reglas, lo cierto, es que los millones de chilenos que se convencen a diario, simplemente lo asumen como la normalidad y, por tanto, cabe preguntarse, cómo se les convencerá luego de adoptar un sistema verdaderamente solidario de pensiones, que es el teórico segundo paso de esta estratagema “progresista”.

“Vestirse” con la ideología ajena no parece el camino correcto para conseguir cambios profundos y viables, y mas bien parece la vía preferida de los populismos para “adaptar” el lenguaje e ideas de otros a sus intereses.

En términos estrictamente prácticos, la táctica no parece ser un  eficiente medio de debilitar el sistema, sino que presenta graves complejidades. Desde luego, se supone que si las AFP se vieran forzadas a “devolver” sus fondos a los afiliados, se afectaría el verdadero negocio, la “plata dulce” que permite a las grandes empresas tener utilidades delirantes, gracias a disponer, en forma de capital de trabajo o créditos a su medida, de los ahorros de los chilenos, y, por tanto, se afectaría una piedra angular del sistema imperante. Lamentablemente esta cándida visión olvida que las AFP ya están trabajando para adaptar su modelo de negocio a esta eventual nueva realidad;y, pronto empezaremos a escuchar de ahorros flexibles, retiros programados, seguros y un ridículo numero de alternativas que ofrecerán a los chilenos, poder ”disponer” de sus ahorros en caso de necesidad, con lo que el sistema simplemente evolucionará para que sigan ganando los de siempre.

Finalmente, hay dos consideraciones fácticas que todo el mundo, en la euforia, parece olvidar, primero, es físicamente imposible que cada chileno reciba sus ahorros… simplemente no existe esa cantidad de dinero circulante, ya que está invertido en instrumentos bancarios o bursatiles dentro y fuera del país, y, además, esas personas, quedarían automáticamente sin pensión, y sería el Estado el obligado a asumir esa responsabilidad mientras los nuevos “progresistas neoliberales” celebran la “derrota” de las AFP.

  


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