Columna de Opinión

Unidad Popular: Lecciones aprendidas a 50 años

Por Jorge Coloma A. , Coordinación COP 25, Movimiento AC=A+CC y Asamblea por el Pacto Social.

Era el 4 de septiembre de 1970, ya era de noche luego de un día de seguimiento del proceso electoral como jóvenes de un Comité de Unidad Popular, los CUP con los que se organizó la campaña de Salvador Allende. Miles caminamos hacia la FECH que estaba casi al frente del Cerro Santa Lucía, en la Alameda. Teníamos motivo para celebrar. Se abría un camino de esperanza para vencer el subdesarrollo, las injusticias y la pobreza de una sociedad chilena oligárquica, de cuestionada soberanía nacional y con condiciones de vida hasta feudales en los campos.

Esperamos por horas llenos de alegría hasta que llegó nuestro triunfante candidato. Salvador Allende llegaba a compartir con su pueblo el haber logrado -por fin, luego de tres candidaturas anteriores- la primera mayoría. Nos habló desde los balcones de esa gran federación de estudiantes para destacar -entre otras- las razones de su triunfo. Allende explicitaba una de ellas: una “unidad de los partidos populares, de las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros”. Meses antes – en diciembre de 1969- las fuerzas lideradas por Allende se ordenaron tras un Programa, el de la Unidad Popular. Con ello daban paso a la realización de una necesaria trilogía para producir el cambio: Un programa unánime para las fuerzas que se unían: La unidad de una coalición de partidos y movimientos sociales. La presencia de un líder legitimado por sus bases.

Con ello se llegó al momento más significativo para la historia de Chile. La unanimidad que logró Allende para reformar la Constitución de 1925. Nadie se opuso a ella y a la consiguiente reforma que marcaba el Día de la Dignidad Nacional. El 11 de julio de 1971 Chile nacionalizaba el cobre.

¿Cómo celebraríamos hoy? ¿Qué podríamos celebrar mañana? Hoy, estamos a las puertas de reemplazar una Constitución que ha facilitado el abuso y ha afectado la dignidad de chilenas y chilenos. ¿Es factible a 50 años reconstruir esas condiciones que permitieron que el pueblo adquiriera la soberanía necesaria para hacer cambios constitucionales que nos dignifiquen como país?

Estamos en el siglo XXI. Desde hace también 50 años se ha ido imponiendo un sistema a partir del golpe de estado, de civiles y militares, que tuvo y fue teniendo todo a favor para responder a sus intereses plutocráticos. Nos desestructuran las organizaciones políticas, las penetraron con prácticas propias del sistema. La política se podía comercializar. A algunos políticos se les podía comprar. Nos quedaba la rebeldía a pesar que nos subsumieron en un mundo de consumo y de individualidades hasta egocéntricas. Se fue produciendo cada día más un vacío entre la disconformidad de la llamada “gente” con una forma organizada para cambiar el sistema. Los partidos se fueron adaptando al sistema. Ya no había soberanía que residiera en el pueblo. La Constitución impuesta y anacrónica del 80 la limitaba a las instituciones patriarcales que creó. Hasta que el pueblo a través de sus movimientos sociales dijo basta. El 18 de octubre marca un hito y un desafío.

El pueblo apareció en cientos de iniciativas en rebelión en contra del sistema neoliberal. La “clase política” no tuvo otra oportunidad que demostrar que sí se podía reemplazar la Constitución. Ahora nos encontramos en un proceso constituyente y estamos a las puertas de un apruebo de amplías mayorías. Hasta los fotografiados en Chacarillas junto al dictador ven en una nueva constitución las posibilidades de rearmar su poder. El proceso no puede ser manipulado. Mucho ha sacrificado el movimiento popular.

Hoy, para celebrar como el 4 de septiembre de 1970, necesitamos avanzar para crear las condiciones de su triunfo. El liderazgo surgirá del mismo proceso constituyente. Los movimientos sociales que dieron origen al cambio y los partidos que demuestren su anti-neoliberalismo irán superando desconfianzas, dando pasos hacia una convergencia por el Apruebo y una Convención Constitucional. Es una necesidad del momento ir convergiendo “pasito a pasito” para lograr una mayoría significativa para el cambio constitucional. Sin programa, sin unidad surgida desde los partidos y movimientos sociales, Salvador Allende no habría llegado a triunfar ese día hace 50 años.

 

  


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