Columna de Opinión

47 años del golpe de estado

Por Miguel Lawner, colaborador en el gobierno de Salvador Allende y Premio Nacional de Arquitectura.

Septiembre, es un mes trascendental en la historia de Chile. Todos los años celebramos nuestra Independencia Nacional, los días 18 y 19, así como la victoria de Allende en las elecciones presidenciales efectuadas el 4 de septiembre de 1970. Además, es imposible pasar por alto el golpe militar que puso fin a su mandato, el 11 de septiembre de 1973.

Es el mes donde se renuevan los juicios favorables o adversos a la experiencia de construir el socialismo por vía pacífica, o las columnas que nos exigen analizar las causas que originaron nuestra caída. En este caso, se encuentran quienes arriaron ideales defendidos ayer, como forma de justificar su posterior adhesión al reformismo. También hay quienes, sin declinar sus convicciones de cambio social, buscan sinceramente alguna explicación a nuestros errores, supuestos o no, a fin de evitar en futuras tentativas, un desenlace trágico análogo al ocurrido con la UP.

Mi opinión al respecto, es que el nuestro fue un auténtico proceso revolucionario, en el cual las masas sobrepasan, inevitablemente, los objetivos y las metas propuestas por sus conductores.

Por otra parte, otros atribuyen nuestra caída a las diferencias internas en la coalición de partidos que integraban el gobierno.

La historia nos enseña que estos conflictos son inherentes a todo proceso revolucionario. Así ocurrió con la disputa entre girondinos y jacobinos que condujo al asesinato de Marat en la Revolución Francesa de 1789, o la muerte de Robespierre, máximo líder de dicha revolución, guillotinado por sus propios camaradas.

También la revolución bolchevique de 1917, trajo consigo la muerte de Zinoviev y Kamenev principales dirigentes del ala menchevique, fusilados por orden de Stalin, quién ordenó más tarde el asesinado de Trotsky, otro de los líderes indiscutidos de la revolución.

Qué decir de la Banda de los Cuatro en China encabezada por la esposa de Mao Tze Tung, quienes erradicaron o encarcelaron a la mayoría de los dirigentes de dicha revolución, o las masacres cometidas por Pol Pot en Cambodia, acabando con la vida de sus más cercanos colaboradores.

La experiencia chilena es análoga, ya que, en las luchas por nuestra Independencia, O’Higgins y San Martín ordenaron el fusilamiento de héroes tan insignes como los hermanos Carrera y más tarde la ejecución de Manuel Rodríguez.

En fin, no pretendo disminuir el daño causado a nuestro proceso por quienes, irresponsablemente, asumían la consigna de avanzar sin transar.  Pero a juicio mío, esa no fue la causa principal de nuestra caída.

Allende triunfó el 4 de septiembre de 1970 con el apoyo del 36% de los electores. Seis meses más tarde, a raíz de comicios electorales para renovar los Municipios, la UP elevó su votación al 50% y en marzo de 1973, seis meses antes del golpe, logró el 44% de los votos, cuando ya estaba desatada en Chile la feroz campaña en su contra, lanzada por el Departamento de Estado y la CIA, junto con la oligarquía criolla.

A pesar de este cuadro adverso, el 4 de septiembre de 1973, una semana antes del golpe, un millón de personas desfilaron frente a Allende, asomado no obstante el desabastecimiento, los atentados criminales, el paro de los camioneros y el de los mineros de El Teniente, además de otras múltiples acciones criminales.

En mi opinión, la causa principal fue la acción desestabilizadora ordenada por el Departamento de Estado, aún antes que Allende asumiera el poder.

Agustín Edwards, propietario de El Mercurio, fue recibido en Washington el 15 de septiembre de 1970, por Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos y su Secretario de Estado Henry Kissinger, a fin de examinar cualquier acción destinada a desconocer el resultado electoral. Se analizaron varias opciones: el llamado gambito, mediante el cual el Parlamento elegía a Alessandri, quien renunciaba de inmediato para convocar a elecciones en las cuales sería electo Eduardo Frei. ([1])

Esta opción  fue desechada, porque tras algunas vacilaciones, Frei se negó a aceptarla.

En sus memorias, el general Prats da a conocer que fue visitado por un alto dirigente demócrata cristiano 10 días después de conocerse el resultado electoral, quién le manifestó que “ante la intransigencia del comandante en jefe del Ejército (René) Schneider, para detener a la UP, el presidente Frei estaba dispuesto a que él encabezara un movimiento que lo derrocara y lo enviara al extranjero”. Más adelante añade que el plan era “apoderarse de noche de La Moneda, enviar a Frei al extranjero, cerrar el Congreso, suspender la vigencia de los partidos políticos, utilizar en cargos claves a gente de confianza que ellos podrían señalar y, una vez normalizada la situación, llamar de nuevo a elecciones”.([2])

También se intentó que el general en retiro Roberto Viaux, diera un golpe de Estado. Fracasadas todas estas fórmulas, no quedó otro camino que promover el atentado contra el mismo René Schneider, quién fue ejecutado por grupos de ultra derecha, con armas facilitadas por la CIA.

Richard Nixon ordenó hacer aullar la economía chilena en la eventualidad de que Allende asumiera el poder. Quién lo confiesa abiertamente es Nathaniel Davis, embajador de los Estados Unidos en Chile, entre 1971 y 1973, quién en su libro THE LAST TWO YEARS OF SALVADOR ALLENDE, publicado en 1985, confirma que la administración Nixon nunca estuvo dispuesta a coexistir, y menos aceptar la consolidación de la “vía chilena al socialismo”.

Hoy día ya estamos suficientemente informados respecto a las intervenciones encubiertas impulsadas por los Estados Unidos a raíz de la desclasificación de innumerables documentos de la CIA y de la Casa Blanca, hechos públicos por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.

En el informe del Comité Church, órgano del Senado de los Estados Unidos, quedó constancia pública de un increíble número de acciones promovidas para influir en la política chilena, financiar acciones terroristas, partidos políticos y periódicos, a fin de “desestabilizar” al gobierno de la Unidad Popular y promover un golpe militar. Todas estas acciones fueron aprobadas por el Comité de los 40, órgano interinstitucional responsable de aprobar las operaciones encubiertas de la CIA.

He aquí el detalle de algunas, extraídas del libro “La política exterior chilena durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. 1970 – 1973”. Jorge Vera Castillo. Editor responsable IERIC (Instituto de Estudio de Relaciones Internacionales)

1970

14 de octubre: El Comité de los 40 aprueba 60.000 dólares para financiar una petición del embajador Korry y comprar una estación de radio.

19 de noviembre: El Comité de los 40 aprueba 750.000 dólares para un programa de acción clandestina en Chile.

1971

28 de enero: El Comité de los 40 aprueba 1.240.000 dólares para la compra de estaciones de radio y periódicos, así como para apoyar candidatos municipales y para otras actividades políticas de los partidos anti allendistas.

10 de mayo: El Comité de los 40 aprueba 77.000 dólares para la compra de un periódico del Partido Demócrata Cristiano. La imprenta no se compra y los fondos son utilizados para subvencionar un periódico.

5 de julio: El Comité de los 40 aprueba 150.000 dólares para el apoyo de candidatos de oposición en una elección complementaria.

9 de septiembre: El Comité de los 40 aprueba 700.000 dólares para el apoyo del periódico más importante de Santiago: El Mercurio.

5 de noviembre: El Comité de los 40 aprueba 815.000 dólares de apoyo a los partidos de oposición y para inducir una división en la Unidad Popular.

15 de diciembre: El Comité de los 40 aprueba 160.000 dólares para apoyar dos candidatos de oposición en unas elecciones complementarias en enero de 1972.

1972:

11 de abril: El Comité de los 40 aprueba 965.000 dólares de apoyo adicional para El Mercurio.

24 de abril: El Comité de los 40 aprueba 50.000 dólares en un esfuerzo por dividir la Unidad Popular.

16 de junio: El Comité de los 40 aprueba 46.500 dólares para apoyar a un candidato en una elección complementaria en Coquimbo.

21 de septiembre: El Comité de los 40 aprueba 24.000 dólares para apoyar a la Sociedad de Fomento Fabril.

26 de octubre: El Comité de los 40 aprueba 427.666 dólares para apoyar partidos políticos de oposición y organizaciones del sector privado en anticipación de las elecciones parlamentarias en marzo del próximo año.

1973

12 de febrero: El Comité de los 40 aprueba 200.000 dólares para apoyar partidos de oposición en las elecciones parlamentarias.

20 de agosto: El Comité de los 40 aprueba 1.000.000 de dólares para apoyar partidos políticos de oposición y organizaciones del sector privado. Este dinero no se gasta.

15 de octubre: (Después del golpe militar): El Comité de los 40 aprueba 34.000 dólares para una estación de radio anti allendista y para gastos de viaje de personeros pro Junta Militar.

¿Cuál era la causa que motivaba tanta preocupación en la Casa Blanca por lo ocurrido en un remoto país de América Latina? El peligro era que su ejemplo exitoso pudiera extenderse a otros países. Ya en Italia, el Secretario General del Partido Comunista Enrico Berlinguer, había formulado la tesis del Compromiso Histórico, destinada a constituir una Alianza con la Democracia Cristiana, fórmula ya aceptada por Aldo Moro, máximo dirigente de ese Partido, quién fue secuestrado y finalmente asesinado, como fórmula para evitar semejante alianza.

Una situación análoga se vivía en Francia, de modo que poner fin a la exitosa experiencia de la Unidad Popular fue un objetivo prioritario del Departamento de Estado, a fin de frustrar tentativas análogas en cualquier otro país.

Resumo mi punto de vista subrayando que, sin el enorme apoyo financiero y logístico otorgado por el Departamento de Estado y la CIA, jamás acciones como las dos huelgas de camioneros, habrían podido sostenerse durante un tiempo tan prolongado. Lo mismo ocurre con la generosa ayuda otorgada a la organización fascista Patria y Libertad, para ejecutar actos de sabotaje como atentar contra oleoductos o derribar torres de alta tensión.

Concluyo esta serie, escrita con ocasión de celebrar los inolvidables 50 años de la UP, con un extracto de las últimas palabras pronunciadas por nuestro compañero Presidente en La Moneda, mientras se escuchaba, a sus espaldas, el estruendo de los proyectiles lanzados por los aviones que intentaban acabar con la vida del chileno más consecuente en nuestra historia.

Trabajadores de mi patria,

tengo fe en Chile y su destino.

Superarán otros hombres este

momento gris y amargo en el que

la traición pretende imponerse.

Sigan ustedes sabiendo que,

mucho más temprano que tarde,

de nuevo se abrirán las grandes alamedas

por donde pase el hombre libre,

para construir una sociedad mejor.

 

 

06.08.2020.

[1] La ley establecía que cuando un candidato a Presidente no obtenía la mayoría absoluta, el Parlamento debía decidir entre las dos primeras mayorías. La historia demostraba que siempre el Parlamento había optado por la primera mayoría, fuera quién fuera el candidato.

[2] Carlos Prats González. Memorias. Testimonio de un soldado. Pehuén Editores. 1985.

  


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