Columna de Opinión

Ven-seremos: hasta la victoria del alma

Por Malucha Pinto, directora de Fundación Aracataca, teatrista nacional y representante de la Asamblea por el Pacto Social.

Fue un enamoramiento colectivo cuyo encantamiento fue serio, grave como el amor. Lucidez y fervor en aquel entonces…. Un sueño real. Espeso, áspero a veces, como los verdaderos sueños, que tenemos despiertos.

La historia de la Unidad Popular, erótica, lírica, orgásmica, agazapada en la memoria de Chile y en la mía ha sido contada a sottovoce, a veces, por fragmentos, otras. Cientos de versiones y furias.

La crisis política y económica, la forma trágica en la que acabaron los mil días míticos del gobierno popular y la brutal dictadura que la siguió con su caudal de muertxs, desaparecidxs, torturadxs y perseguidxs, acostumbró a guardar silencio. Esa experiencia, resultado de años de luchas, matanzas y conquistas, plena de bengalas y sombras, quedó dando vuelta como astronauta perdido en el universo infinito. El estallido social de la primavera de octubre del 2019 y la impugnación total al sistema político es una oportunidad hermosa para rescatar el objetivo central del proyecto de la Unidad Popular: darle dignidad al pueblo de Chile. “Hasta que la dignidad se haga costumbre” reza la principal consigna de nuestra revuelta popular.

Entendemos que este “despertar ciudadano, esta radical movilización social” viene a cerrar un círculo que, abierto en los inicios del siglo XX, tiene a fines de los 60’s e inicio de los 70’s su mayor expresión de impugnación al orden social y económico. Hoy también nos encontramos, aunque con expresiones políticas absolutamente distintas, frente a una radical impugnación al sistema político e institucional casi peor que en el 73. Hoy el mundo se nos cae a pedazos y la des-construcción es total.

El modelo de capitalismo neoliberal que se forjó en los 80’s y se administró hasta el 18 de octubre, construyó un ciudadano despolitizado, individualista y separado de la sociedad y de lxs otrxs. El discurso del emprendedor, el exitismo, la competencia y el mercado terminaron por socavar esta sociedad y llevarla a su crisis normativa y de representación. Hoy estamos en su pick.

Sin querer establecer comparaciones entre un momento (UP) y otro (18 de octubre), hay un delicado y bello vínculo que se borda entre ambos. Se levanta algo totalmente devaluado y borrado del discurso en el Chile de la transición: la palabra o la categoría pueblo.  Muchos de los cantos que se entonaron en la Plaza de la Dignidad, se refieren al tiempo de la UP, a la figura de Salvador Allende y sus emblemáticos discursos, a la década del 80 y a la pelea contra la dictadura, mostrando una continuidad histórica con los momentos de mayor dignidad del país. Se ha empezado nuevamente a formar un PUEBLO y esto nos vuelve a abrir la posibilidad de ser, país.

El sueño de Allende, el compañero presidente y de la UP, fue un proyecto de inclusión de los que siempre les han sobrado a las elites pero que los necesitan, mansos, funcionales, cooperadores. “Soy el nieto del obrero que no pudieron matar” dice un enorme cartel que asoma entre las banderas mapuches y chilenas. Lo que emerge entonces es, nuevamente, al igual que en la UP, unos cuerpos que se politizan y dejan de ser solo productores o consumidores. En la marcha y en la concentración, los cuerpos se tocan, se rozan, se cuidan. Emerge nuevamente la solidaridad, la comunidad, el estar junto al otrx, el ser un ser social. Volvemos a sentirnos parte, volvemos a ser actores o actrices de algo que finaliza pero que también comienza.

En ese contexto, nos parece importante que el arte y el teatro tomen la palabra y que, a través de este lenguaje, que aúna la sensibilidad y la reflexión, el sentido de lo trascendente y de lo inmediato; se visibilice, la experiencia cultural de la UP como un horizonte de construcción de un país mejor. Hoy que no hay modelo a seguir, que culmina un ciclo del cual la UP fue parte y se inicia otro, el fin del círculo y en el que está todo por inventarse, por construirse, al parecer, muy por fuera de la política del siglo XX, el dejá vu de la UP, nos permite rescatar esa fuerza utópica, esa fuerza transformadora para que la vida sea mejor que nos lega el siglo XX. Sólo la fuerza, sólo la potencia, el resto, está por crearse y será creado por un pueblo.

 

 

  


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