Columna de Opinión

Celebremos una nueva política

18 octubre 2020

Por Francisco Albornoz – Asamblea por el Pacto Social

Podemos celebrar: hemos cumplido un año de apertura hacia lo impredecible. En las últimas décadas Chile parecía haberse vuelto alérgico a la incertidumbre. Pero en octubre del año pasado algo cambió y, como el Correcaminos que pasa de largo corriendo más allá del límite del barranco, la actual constitución y todo el sistema político que había engendrado se detuvo de pronto, miró hacia abajo y descubrió que el suelo ya no estaba debajo de sus pies. Y adiós.

Este 18 de octubre celebramos un auténtico hito en nuestra historia. Para valorarlo, quizás sea bueno recordar que la anterior constitución, la de 1925, fue derogada a través de un bombardeo con aviones de guerra y tanques. Desde esa perspectiva no es tan difícil comprender por qué un nuevo cambio radical del sistema fuera un tema complejo, con ribetes incluso traumáticos para muchas personas.

Por eso es importante celebrar el proceso actual. Porque hace un año ocurrió eso que los manuales de filosofía política describen como una fantasmagórica teoría: la irrupción del poder constituyente del pueblo soberano. De pronto, se volvió parte de nuestro sentido común que ese impreciso “basta”, que por décadas murmurábamos ante cada atropello o injusticia sufrida, encajaba de manera perfecta con el “basta” de nuestra vecina, de nuestro familiar y de miles de vecinas y también de desconocidos que sufrían lo mismo. Cada uno de esos pequeños “basta” se fueron congregando en plazas, en calles, en alamedas, hasta transformarse en un sólido y definitivo BASTA que nos unió en nuestras diferencias y nos llevó a decretar, en los hechos, la inminente derogación de la constitución vigente.

Y de nuevo vimos los uniformes y las armas apuntando a la gente, y de nuevo la sangre, la tortura, la muerte fueron los instrumentos elegidos para tratar de evitar que este camino siguiera abriéndose para y por nosotras y nosotros. El Correcaminos volvió a probar todas sus armas y todas sus trampas para ganar, pero esta vez no fue gracioso. Y tampoco fue efectivo.

El cambio constitucional es un proceso irrevocable. En pocos días iniciaremos una nueva etapa, volviendo institucional este camino a través de un plebiscito que será parte del legado que dejaremos a la próxima generación de chilenas y chilenos. Pero ese paso nos exige no perder el rumbo. Debemos seguir forjando una nueva política para ese nuevo país. Y no quiero reproducir acá el discurso “anti partidos”, que termina en un vacío demagógico incapaz de alcanzar los objetivos que el pueblo se ha planteado.

Pero tampoco podemos confiarnos, como el 1988, en que será la inercia de una maquinaria agotada la que nos transportará a algún futuro mejor. Esta vez no ganaremos con “un” lápiz, ni con “un” voto, ni en “un” día. Será un camino largo de participación, alianzas, reflexión y propuestas que deberemos defender en cada día de sesión de la Convención Constitucional, aportando ideas y haciendo sentir a esas nuevas representantes de nuestros territorios que los avances logrados hasta ahora, como la paridad y la -aún pendiente- plurinacionalidad no son sólo palabras, sino señales de que ya estamos construyendo una nueva política para un nuevo tiempo.

En unidad. Hasta cambiar Chile. Hasta que la dignidad… bueno, usted sabe. Por eso, hoy, celebremos.

 

  


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